La chica con tacones | 2012

Hace cinco años, Violeta vendió su cuerpo por primera vez, ganándose $5 por su primer cliente. En su primera noche como trabajadora sexual, tuvo 15 clientes. Después, lloró en la ducha preguntándose si la seguridad financiera valía el sacrificio de trabajar en la industria del sexo comercial. Desde entonces, Violeta ha tenido tan pocos como 10 clientes en una semana y tantos como 30 clientes en una noche.

Ella dijo que las únicas veces que se siente feliz con su trabajo son cuando gana más de $200 en una noche.

Violeta ha logrado ahorrar más o menos $15,000 dólares americanos y espera ganar $5,000 más para poder cumplir su sueño de comprar una casa y abrir su propio mini mercado, como su madre. Ella dijo que su sueño es sencillo y no muy distinto al que tienen otras personas.

De las personas que se encuentra durante el día, muy pocas saben que es trabajadora sexual, ya que Violeta quiere evitar que la juzguen.

Aunque su trabajo la hace sentir infeliz, está muy orgullosa de ser una trabajadora dedicada que nunca se da por vencida. Violeta se escapó de un padre sexualmente abusivo y, aunque no es educada, ha podido valerse por si misma y hacer una vida independiente.

Pero el costo de este estilo de vida es alto; no tiene amigos, tampoco estabilidad, ni seguridad. Y lo peor de todo es que no tiene un escape fácil. La esperanza de Violeta es poder ganarse los $5,000 restantes para poder salir de la industria del sexo comercial y tener una vida más segura y feliz.

"Es como ser un payaso."
-Violeta
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