Nació para mí | 2013

Homero y Efigenia Altamirano, que ambos tienen alrededor de 70 años, han pasado sus vidas haciendo lo que sus padres le enseñaron a hacer: cultivar la tierra. Originalmente del continente de Ecuador, los Altamiranos se mudaron a las islas Galápagos hace un poco más de una década luego de que el volcán Tungurahua erupcionara cerca de su casa. Al llegar a las Islas Galapagos, los Altamiranos continuaron haciendo lo que les encantaba.

“Nosotros sentimos felices porque este siempre ha sido nuestro trabajo,” dijo Homero Altamirano, “Cojo el azadón, cojo el machete, y vamos. Dale, dale, dale. Asi es la vida. Así es la vida de nosotros. Y ahí pasamos contentos.”

Los Altamiranos llegaron con un deseo fuerte de servir a la comunidad. No había mucha gente trabajando la tierra cuando llegaron, y querían proveerle comida buena y fresca a la gente de Isabela. Todos los sábados los Altamiranos se levantan a las 3:30 de la mañana y se preparan para vender sus productos agrícolas en el mercado.

“Si se lleva 50 piñas, 50 se venden no más,” dijo Efigenia Altamirano. “Guineas, caña. Lo que haya. Las gavetas llegan vacías acá. Muy bueno eso.”

La granja de los Altamiranos está ubicada en la parte alta, a 40 minutos en carro de Puerto Villamil, el único pueblo de Isabela. Aunque a menudo viajan entre el pueblo y la parte alta, también pasan mucho tiempo juntos en la granja. En las noches, la pareja se relaja escuchando música o tocando guitarra.

“Si queríamos estar solos hubiéramos estado solteros,” dijo Efigenia Altamirano.

Los Altamiranos tienen nueve hijos, y todos viven en las islas. Piensan seguir cultivando hasta que ya no sean capaces.

"Nunca vamos a cambiar. Porque la agricultura nació para mi, para nosotros."
-Homero Altamirano
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