Coger y dejar y matar | 2013

Gato Orega es un cazador.

Como empleado del gobierno municipal de Isabela, Ortega pasa los días de semana en el pueblo principal de Puerto Villamil. Pero los viernes en la noche Ortega regresa a la parte alta de la isla, donde tiempo con su familia y de vez en cuando, se va a cazar.

Según Ortega, los residentes tienen permitido cazar ciertos animales siempre y cuando obtengan un permiso del Parque Nacional Galápagos y paguen una pequeña cuota. Los cazadores están autorizados a matar animales domesticadas que se le han escapado a sus dueños, ya que estos pueden hacerle daño a las especies nativas. De acuerdo a la página web del Parque Nacional de Galápagos estos incluyen gatos, burros, chivos y cerdos.

Hoy día quedan pocos chivos en la isla ya que el parque realizó una campaña agresiva de erradicación que acabó con la mayoría de la población de chivos. Los chivos llegaron a la isla por medio de los colonizadores quienes los trajeron a la Parte alta para trabajar en la ganadería. Pero el impacto de los chivos fue más que agrícola, ya que estos le causaron mucho daño a las tortugas nativas y a sus tierras de pastoreo. Como parte de la iniciativa de erradicación "Proyecto Isabela," del 1996 al 2006, más de 55.000 chivos fueron matados.

A pesar de que todavía queda un número reducido de estos animales deambulando por el área del Parque Nacional, junto con vacas y gallos ferales, su presencia ya se está disminuyendo debido a los esfuerzos del Parque Nacional. Por consecuencia, los cazadores tienen que adentrarse cada vez más en el Parque para poder atrapar algo, a veces regresando a sus hogares con las manos vacías. Según Ortega, la comunidad de la cacería esta compuesta por 20 a 25 personas, aunque a veces algunos no cuentan con el dinero suficiente para pagar el permiso de caza.

Los animales que Ortega caza y trae al hogar complementan la dieta de su familia. Además representan un ingreso que, aunque pequeño, contribuye a su salario, ya que Ortega vende la carne de sus animales en el pueblo. En un buen fin de semana Ortega puede llegar a cazar uno o dos cerdos salvajes.

Por lo regular, cuando sale a cazar, Ortega se lleva a su hijo Kevin. Ortega dijo que ya le ha enseñado a dos de sus otros hijos.

“Yo les sé llevar para que sepan como se coge, como se mata, y que sean como yo,” dijo Ortega.

Ortega tiene una relación de confianza con sus hijos y los viajes de caza de uno o dos días ayudan a que este lazo siga creciendo.

"Eso se termina. Que sé yo un año, dos años más ... se termina esto ya, porque el parque lo que quiere es eso. "
-Gato Ortega
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