Sangre y plumas | 2012

Cuando era niño, Francisco Paredes comenzó a criar gallos en su barrio en Puerto Baquerizo Moreno en la isla de San Cristóbal. A los 15 años inscribió a su primer gallo en una pelea. Décadas después, Paredes aún está viviendo en San Cristóbal y participando en peleas de gallos cada semana.

Paredes dice que ama y respeta a sus aves. Las considera una parte de su familia. Durante el primer año de vida, Paredes cría y entrena al gallo. Luego el gallo entra al cuadrilátero para pelear – en varias ocasiones hasta la muerte.

La noche de la pelea, una audiencia se congrega. Los espectadores son principalmente hombres, con una esposa o novia por ahí para brindar apoyo. Las aves se pesan y se preparan para pelear; se le adjuntan espolones de metal a las patas.

Las peleas de gallos son legales en las islas, pero la importación de las aves no lo es. Los gallos deben nacer y ser criados en la las islas, lo que resulta en un vínculo afectivo entre dueño y ave. Cuando un gallo muere en una pelea, por respeto este se devuelve a la tierra. El vencedor se libera y jamás se requiere que pelee otra vez.

Apuestan en cada pelea. Aunque para la mayoría de los hombres las peleas de gallos son pasatiempos, también puede ser una fuente de ingresos, con apuestas de $150 mínimo por pelea. Paredes dice que algunos apuestan miles de dólares en las peleas grandes.

Paredes dice que es algo más que dinero. Es sobre el amor del deporte, y los animales. “Es una alegría que creo que me voy a llevar a mi tumba. Mi pasión.”

"Es una alegría que creo que me voy a llevar a mi tumba. Mi pasión."
-Francisco Paredes
RELATED CONTENT