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Man-Made Evolution

por Caitlin Owens


Max Murray se enamoró dos veces en un mismo año.


En 2003, luego de graduarse de la universidad, Murray dejó su hogar en Winchester, Inglaterra, y cruzó el océano Atlántico para viajar de mochilero por Sudaméica durante un año.


De inmediato, Murray tuvo que decidir si visitaría las islas Galápagos durante su estadía en Ecuador. Al último momento, dejó que su amor por la naturaleza y la historia natural superasen su preocupación por el alto costo del viaje. Murray no tenía idea de lo mucho que esta decisión cambiaría su vida.

“Pensé que lo iba a lamentar si no venía a las islas Galápagos”, dijo Murray.


A mitad de su crucero de ocho días, Murray conoció a Diana, una galapagueña de cabello oscuro.


Su barco atracó en la isla de Santa Cruz por sólo unas horas. Mientras él se tomaba una cerveza sentado en una barra, Diana entró al lugar.


“De repente, esta chica deslumbrante entra al lugar”, dijo Murray. “Por poco pierdo mi barco porque nos dijeron que teníamos que estar de vuelta a las 10 p.m. y terminé quedándome con ella hasta la medianoche”.


Murray convenció a Diana para que viajara con él durante tres meses, hasta que ella insistió en que debía regresar a Galápagos.


“Simplemente dije, sin siquiera pensarlo, ‘yo voy contigo’”, dijo Murray. “A esa altura, yo estaba perdidamente enamorado”.


Y con eso, su viaje de mochilero terminó y Murray se mudó por un año a Santa Cruz, donde él y Diana se casaron. Ocho meses más tarde, decidieron irse a isla Isabela para visitar al padre de Diana.


Por segunda vez ese año, Murray sintió una impredecible e inmediata afinidad. Desde el momento en que el avión tocó tierra, sintió una conexión con la isla.


“Nunca había experimentado algo así en mi vida, que todo se sintiese tan natural”, dijo Murray. “De inmediato noté una electricidad, una emoción, que me indicaban que este era el lugar donde se encontraba mi futuro”.


Murray y Diana regresaron a Santa Cruz solo para empacar sus cosas. Poco tiempo después, se mudaron a Isabela. Nueve años después, Murray sigue enamorado de las mismas cosas: las calles de arena, las palmeras, el océano. Algunas cosas han cambiado: ahora Murray tiene cuatro hijas y es el dueño del Hotel Albemarle, un hotel de 16 cuartos.


El turismo también ha crecido, sosteniendo el lucrativo negocio hotelero de Murray. Cuando llegó, sólo había un hotel de “primera clase”. El Hotel Albemarle fue el segundo. Ahora hay cinco.


Murray no sólo ha presenciado el cambio que ha ocurrido en la isla en los últimos años, también ha contribuido. Cientos de miles de personas visitan las islas Galápagos todos los años con la misma esperanza de descubrir este refugio natural, salvaje y un tanto extraño, y hallar la sensación de aislamiento que un día tuvo Murray.


Aunque la mayoría de los turistas regresan a su hogar, su presencia cambia el archipiélago. Mientras las islas Galápagos dejan atrás su historia e identidad, su futuro permanece poco claro e impredecible.


La evolución de los pinzones de Darwin fue el resultado de la selección natural, pero la actual evolución de las islas es obra del hombre. Nadie sabe cuáles serán las consecuencias para la ecología de las islas ni para sus habitantes.

"De inmediato noté una electricidad, una emoción, que me indicaban que este era el lugar donde se encontraba mi futuro"
-Max Murray

Una paradoja


El entorno de Murray cambió drásticamente cuando se mudó de Santa Cruz a Isabela. El fondo de una playa relativamente virgen reemplazó el caos de Santa Cruz, donde taxis vacíos, montañas de basura y barras sucias lo saludaban siempre que abría la puerta de su casa. Como consecuencia de un crecimiento y desarrollo rápido, Santa Cruz ahora tiene un ambiente distinto y una población mucho más grande que la de Isabela.


“Cuando llegamos aquí [Isabela], sentí que así deberian ser las islas Galápagos. Esta es la imagen que tenía en la cabeza”, dijo.


Gardenia Flor, una galapagueña de mediana edad y propietaria de un pequeño hostel, creció rodeada de esa imagen. Esta declara con orgullo que puede trazar su linaje hasta los primeros pobladores de la isla. Flor dice que a los huéspedes que se alojan en su hostel les gusta que sea parlanchina.


Menuda y alegre, Flor habla con cariño de una infancia sin agua corriente ni gas. La madera servía de combustible para las cocinas y de material para edificar las casas. Un barco venía con provisiones una vez cada tres meses.


Ahora,, lucha una batalla perdida con los turistas que quieren que instale aire acondicionado en las habitaciones de su hostel.

“Antes era muy feliz. Ahora, empieza a no gustarme”, dijo. “La vida solía ser mucho mejor entonces”.


En las islas, que forman una de las provincias de Ecuador, empezaron a promover el turismo durante la década de los años sesenta. El gobierno ecuatoriano vio en el turismo un modo de compensar el costo de las islas, sin reflexionar en el potencial desarrollo de esta industria ni en el impacto que tendría en los residentes locales.


Durante los años sesenta y setenta, el turismo se expandió. El modelo turístico del “hotel flotante”, defendido por los conservacionistas, dominó la industria. Al principio, los turistas se quedaban en barcos pequeños, que solo abandonaban brevemente para hacer visitas en tierra. Durante los años setenta, se inició en las islas el turismo en tierra, que creció a lo largo de los años ochenta y noventa.


Los 18.000 visitantes que llegaron a las islas en 1985, ya habían excedido el límite recomendado de12.000 turistas. En 1990, las islas recibieron 41.000 visitantes. Solo una década más tarde, este número alcanzó los 72.000. En 2005 la cifra sumaba a 122.000. Actualmente, 185.000 personas visitan Galápagos cada año. Este número continúa creciendo.


Con este crecimiento del turismo llegó una oleada de inmigrantes, todos con la esperanza de beneficiarse de una industria en expansión. Aparecieron como guías turísticos, dueños de restaurantes, conductores de taxis y muchas otras ocupaciones relacionadas al turismo.


Con este flujo de personas, surgieron nuevos problemas para Galápagos.


“No son sólo los pies de la gente sobre la tierra. Son las consecuencias del desarrollo. Es la generación de desechos, la necesidad de más electricidad, más cemento, asfalto, baterías, patatas fritas—todo ese tipo de cosas llegan de fuera”, dijo Stephen Walsh, el director del Center for Galapagos Studies, de la Universidad de Carolina del Norte, en Chapel Hill.


Ahora existe una paradoja en las islas.


“El aislamiento y eso tan especial que generaron las islas Galápagos y su imagen, es lo mismo que está atrayendo a la gente a las islas y, por lo tanto, contribuyendo a su cambio”, dijo Walsh.


Según Walsh, nadie concoce la capacidad de las islas. No está claro cuánto podrá resistir el archipiélago a las crecientes demandas de desarrollo.


“Hemos superado el aislamiento de las islas Galápagos. Y eso es lo que las ha protegido durante los últimos cientos de años”, dijo Walsh. “Continúan igual de frágiles, pero ahora están conectadas a una empresa global… el turismo internacional”.

"Cuando llegamos aquí [Isabela], sentí que así deberian ser las islas Galápagos. Esta es la imagen que tenía en la cabeza"
-Max Murray

Ganadores y perdedores

De frente al pequeño muelle de Isabela, Carlos Ríos supervisa el ajetreo. En medio del caos de los turistas que llegan y se van, los pescadores que descargan su captura y los trabajadores que arrastran la carga detrás de Ríos, él parece no inmutarse.


Hoy, Ríos viste de sandalias y uno de sus tres pares de calcetines con el dedo gordo separado. Cuando alarga su brazo, aparece cerca de su codo un gran tatuaje temporal de una calavera con serpientes en vez de pelo. Un león marino duerme, como siempre, en el muelle, justo detrás de los pies de Ríos.


Sólo una cosa hace que el día de hoy sea distinto a los demás. El gobierno municipal de Isabela aumentó la tasa de entrada para los turistas que llegan a la isla en cruceros o en los tours diarios. A Ríos le toca cobrar ese impuesto.


El gobierno municipal aumentó la tasa de entrada con dos objetivos en mente: recaudar más dinero y disuadir el turismo que no contribuye con la economía de Isabela. El impuesto refleja la opinión de muchos lugareños, que no ven con buenos ojos a los tours diarios que llegan de otras islas y las excursiones de los cruceros. Este tipo de turismo no aporta dinero a la economía local ni beneficia a los pobladores.


Los barcos siempre han sido motivo de conflicto en las islas. Históricamente, los locales han rechazado el turismo centrado en el uso de barcos, que por décadas fue el modelo más popular, ya que este le roba el negocio a Isabela. En un nuevo modelo, basado en el turismo de tierra, los turistas van de isla en isla y pasan la noche en tierra. A medida que el turista alquila habitaciones de hotel y come en los restaurantes locales, el dinero suma a la economía local. Aunque esta propuesta de turismo ha crecido últimamente, el rechazo al antiguo modelo aún existe.


Murray experimento por primera vez a las islas Galápagos desde un crucero. Ahora, comparte la opinión de los locales de que el modelo de turismo centrado en el uso de barcos tiene sus fallas.


“Muchos turistas ni siquiera piensan que hay gente que vive en Galápagos”, dijo. “Su interacción más significativa con Galápagos, y más importante aún, con la economía local, es tal vez el comprar un souvenir rápidamente en el aeropuerto de Baltra”.


A pesar de que muchos de los pasajeros de los barcos que atracan en la bahía de Isabela ahora pasan el día en la isla, la economía local aún compite con la gente de fuera por las ganancias del turismo. Las compañías multinacionales, las compañías ecuatorianas de la zona continental y las compañías de las otras islas, todas hacen negocio en Isabela, a veces desviando el dinero de los servicios locales.


En la costa de la bahía de Isabela, un feroz ecosistema de embarcaciones compite diariamente por las ganancias. Los cruceros de empresas internacionales maniobran para hacer su propio camino hacia la bahía, y llevan con ellos sus propios barcos, sus guías y su comida empaquetada.


Los tours diarios irrumpen desde otras islas y ofrecen a sus pasajeros solo un par de horas en la isla. A pesar de que usan algunos servicios locales, al final del día, los barcos de los tours diarios se reportan a sus dueños en Santa Cruz y San Cristobal.


Con las velas plegadas, muchos yates también atracan en la bahía, durante una pausa en sus viajes alrededor del mundo. La mayoría son viajeros independientes que interactúan con la isla cuando compran provisiones.


Los pequeños barcos que funcionan como taxi y pertenecen a operadores locales, van y vienen rápidamente entre el muelle y algunos de los barcos más grandes. Estos taxis evitan los cruceros, que cuentan con sus propios medios para transportar pasajeros. Las pequeñas embarcaciones para los tours y para la pesca, propiedad de los isabeleños, también se concentran alrededor del puerto, mientras esperan para ser usados.


“Creo que la gente necesita que los turistas vengan y se queden aquí”, dijo Ríos. “Necesitan usar los hoteles, los restaurantes, cosas de ese tipo”.


El tema del dinero que viaja más allá de las islas existe en todo Galápagos. En 2006, los residentes del archipiélago sólo poseían el 39% de las embarcaciones turísticas. El 54,5% pertenecía a ecuatorianos residentes en el continente y el 6,5%, a extranjeros.


Con el aumento del turismo centrado en las islas vino un flujo de personas que esperaban aprovecharse de un mercado en crecimiento. Mientras que en 1990 vivían en las islas 10.000 personas, el censo ecuatoriano de 2010 registró que la población local ascendió a 25.124 personas..


Aunque el turismo de islas tiene la posibilidad de aportar mayores beneficios a los residentes, también genera más problemas que estos mismos residentes deben solucionar.

"Muchos turistas ni siquiera piensan que hay gente que vive en Galápagos"
-Max Murray

Recursos desboradados

Mientras la procesión de turistas espera en fila a que Ríos les cobre el impuesto de acceso, se enfrentan a una escena caótica.


Frente a un fondo de yates y cruceros, un pequeño grupo de hombres trabaja para descargar manualmente un carguero. El barco mismo es demasiado grande para el pequeño embarcadero de cemento y lo atracan cerca de la costa.


La mercancía llega a la isla del mismo modo que los turistas: en pequeñas barcazas. Un grupo de personas espera la carga, varios descalzos y lo suficientemente jóvenes como para estar sentados en un aula en lugar de trabajando en el puerto.

Esta escena caótica choca con la sensación de aislamiento y serenidad que los recién llegados esperan de la isla. También difiere de los recuerdos de los residentes que llevan mucho tiempo en Isabela, como Flor, que recuerda con cariño los años en los que los barcos traían provisiones desde el continente cada ciertos meses.


Con el incremento de la población en Galápagos ha aumentado la demanda de recursos. Cada 21 días, un barco le suministra 50.000 galones de combustible a Isabela, además del carguero semanal. No solo traen comida, agua embotella, vehículos, material de construcción y combustible, también traen papel higiénico, juguetes y cerveza.


“Todas estas cosas, incluida la comida, el combustible y todo lo adicional, comocamisetas y gorros, no están hechas en Galápagos. Pero se venden en Galápagos”, dijo Walsh.


Aunque Isabela sólo recibe una carga a la semana, seis embarcaciones transitan entre el continente ecuatoriano y las islas constantemente.


La importación de recursos no sólo genera dependencia del continente, sino que también contribuye a la presencia de especies invasivas en las islas. Sin darse cuenta, los barcos que llegan a la isla traen en sus cascos a autoestopistas. Estas especies invasivas amenazan el estatus quo del ecosistema de Gálapagos.


Parte de esta demanda de recursos es resultado de la edificación de nuevos hoteles y otros negocios vinculados al turismo. También incluye material de construcción para casas y la infraestructura que conllevan.


El desarrollo de la infraestructura no ha sido capaz de seguir el ritmo del crecimiento de las islas. En las Galápagos, se han ignorado los servicios públicos, como el agua, las aguas residuales, la recogida de basura y la electricidad.


“La infraestructura –la energia, el agua, la basura, un sistema de salud apropiado y un sistema de educación apropiado- han sido deficientes, eso es seguro”, dijo Walsh.


Lauro Samaniego es la dueña de dos hotels, ambos llamados Posada del Caminante. Inauguró el primero hace siete años, luego de que abandonara la agricultura para unirse a la creciente industria del turismo.


Su negocio prosperó lo suficiente como para que abriera un segundo hostel hace tres años. Sin embargo, las tuberías cercanas al hostel se rompen cada ciertos días y arrojan aguas residuales a las calles.


Le preocupa como el sistema pueda impactar al turismo .


“Piensa lo vergonzoso que es que venga un turista a Isabela cuando las calles están hechas un desastre”, dijo.


El sistema de aguas residuales, o más bien la carencia de este sistema, amenaza algo más que al turismo en Isabela y en las islas Galápagos. Crea una serie de problemas medioambientales y de salud.


“Yo comparto ideas de conservación, pero el ser humano va primero”, dijo Samaniego.


Y el ser humano, al menos el que vive en Isabela, sufre la contaminación que genera el sistema de aguas residuales.


"La infraestructura –la energia, el agua, la basura, un sistema de salud apropiado y un sistema de educación apropiado- han sido deficientes, eso es seguro"
-Stephen Walsh

Agua contaminada

Murray llegó a Isabela sin plan alguno, confiaba que su destino se encargaría de si mismo. Una semana después, se enfermó.


Cuando preguntó por el pueblo, nadie parecía sorprenderse de que tuviese problemas de estómago. Todo el mundo le echaba la culpa a lo mismo: el agua.


“En ese momento se me ocurrió la idea: alguien debería hacer agua buena”, dijo.


Entonces inició su primer proyecto, una pequeña planta de purificación de agua. Más adelante le cedió la propiedad a su suegro, que aún la dirige.


Murray experimentó de primera mano el problema del agua en las islas Galápagos. El suministro de agua fresca y limpia es escaso. Los habitantes de la isla tienen que afrontar la realidad del agua contaminada y sus consecuencias.


En Puerto Villamil, el área más poblada de Isla Isabela, el agua contaminada causa el 70% de las enfermedades, de acuerdo a un informe que Walsh publicó en el Journal of Latin American Geography en 2010.


Las plantas de purificación de agua privadas proveen una posible solución a la escasez de agua potable que afronta el archipiélago. Otras alternativas en Isabela incluyen el agua de lluvia y el agua embotella que llega en barco desde el continente.


El agua del llave en Isabela se extrae de dos pequeños acuíferos. No se somete a ningún tratamiento más allá de una filtración básica que utiliza coladores para eliminar gravilla y rocas pequeñas. Según el informe de Walsh, el agua a menudo está contaminada con agua salada y desechos humanos.


La planta de tratamiento de la isla colapsó hace 10 años. No se ha reconstruido, aunque se ha intentado unas cuantas veces.


Por consiguiente, el agua contaminada fluye hasta llegar a las casas de los residentes por medio de la llave cada vez que se duchan, lavan ropa o se lavan los dientes.


“Vivir en esta isla y usar el agua constantemente, para bañarse o lavarse los dientes, creo que afecta nuestra salud”, dijo Diana Villalta, una vecina de Isabela de 24 años.


Villata expresa una opinión es cualificada. Trabaja como técnica de laboratorio en la clínica del pueblo. Las infecciones del tracto urinario, los parásitos, las enfermedades digestivas y las infecciones de piel son algunos de los problemas más comunes que Villalta analiza en el laboratorio y que están vinculados al agua. El informe de Walsh lista las mismas complicaciones como enfermedades relacionadas al agua, sumando a la lista problemas gastrointestinales e infecciones en el tracto vaginal.


La propia Villalta sólo usa el agua de llave para bañarse. Cocina y se cepilla los dientes con agua embotellada.


El problema no termina con lo que sale de la llave. Continúa el momento en el que el agua baja por el desagüe.


A veces, las aguas residuales se vierten en la calle. El funcionario municipal Iván Yépez lo sabe bien. Pasa la mayor parte del día limpiándolas.

“Las calles con toda esa agua, con ese olor horrible, así se contaminan los niños”, dijo Villalta. “Los niños juegan en las calles y a veces no se lavan las manos o se tocan unos a otros”.


Una solución ha sido construir cajas de hormigón alrededor de aquellas tuberías que se rompen con frecuencia. Yépez dijo que cuando limpia las cajas encuentra agua, suciedad, arena e incluso perros y gatos.


Al menos tres de las cuatro islas habitadas no tienen un sistema de manejo de aguas residuales en operación financiado por la municipalidad. Según Walsh, San Cristobal ha instalado, “supuestamente”, una nueva planta de tratamiento.


El sistema de aguas residuales de Isabela se desarrolóo hace 35 años, cuando sólo 1.000 personas vivían en la isla. Hoy hay casi 3.000 personas viviendo en Isabela, estas coexisten con el crecimiento de la población turística.


Sólo el 40% de las viviendas en Puerto Villamil, según el informe de Walsh, reciben el servicio del sistema de aguas residuales. El resto de las viviendas, incluyendo las de la parte alta, utilizan fosas sépticas individuales, letrinas o se deshacen de los residuos en las zonas de rocas volcánicas cercanas a sus casas. El vertido de las viviendas contribuye a la contaminación de las zonas costeras, junto con la filtración de residuos a través de la roca y el vertido del agua de los pozos.


Según Yépez, el sistema sólo cuenta con una tubería de cuatro pulgadas, y llega a una planta de tratamiento de residuos inoperativa. Las aguas residuales sin tratar se vierten a una fisura cercana en el campo de lava, de acuerdo al informe de Walsh.


El problema sólo se intensificará con el tiempo.


“Imaginemos que la población de Isabela se duplica, triplica o cuadruplica. Sin agua y sin un sistema sanitario, ¿a dónde se va todo eso?”, dijo Walsh.


Según Yépez, el gobierno municipal actualmente cuenta con un plan para arreglar los sistemas de tratamiento de agua y de aguas residuales. El gobierno ya ha recibido fondos para empezar la reconstrucción de la planta de tratamiento de agua en mayo. Además, está trabajando un proyecto para edificar una nueva planta de purificación de agua.


Muchos otros piensan en el futuro de las islas. Están en tela de juicio su resistencia y la sustentabilidad de las actuales prácticas. Mientras algunos esperan, otros trabajan activamente para aportar a la formación de lo que vendrá.

"Las calles con toda esa agua, con ese olor horrible, así se contaminan los niños"
-Diana Villalta

Intacta, libre de adulterio

Yessenia Herrera se mudó dos veces en los últimos cinco años. La primera vez, salió desde el continente hasta Santa Cruz en persecución de oportunidades en la industria turística. La segunda vez, la ola del turismo la llevó hasta Isabela.


Hace ocho meses, cuando una nueva compañía le ofreció un puesto de guía de buceo en la isla, ella aceptó. Para esta mujer de 24 años, el turismo no es nada nuevo; su familia ha trabajado en esta industria durante toda su vida.


Le parece fácil comparar a las dos islas.


“Aquí estoy trabajando y es una locura, pero puedes ver y sentir la naturaleza en un lugar que no es tan consumista”, dijo.


Aunque Herrera vivió en Quito la mayor parte de su vida, nació en Santa Cruz, donde vivió hasta los cinco años. Recuerda como era la isla en aquél entonces.


“Hace 20 años, Santa Cruz era prácticamente como Isabela ahora”, dijo. “No vivía mucha gente en la isla, pero al menos 5.000 personas. Ahora, en la isla, puedes encontrar 20.000 personas”.


Daniel Orellana, el investigador principal de la Fundación Charles Darwin, está de acuerdo con Herrera. La fundación es una organización sin fines de lucro que promueve la conservación de las islas.


Isabela aún mantiene la esperanza de evitar el tipo de desarrollo que ha experimentado a Santa Cruz, dijo Orellana.


“Podría ser que en Isabela, aún estén a tiempo de crear su propio camino hacia un desarrollo sustentable”, dijo.


Este camino es distinto en cada isla, y algunas formas de turismo son más sustentables que otras, dijo Orellana.


Algunas instituciones locales, dijo, trabajan duro para crear un nuevo concepto de ecoturismo.


Como directora de turismo en Isabela, este es el trabajo de Carla Flores. Como empleada de la municipalidad, se dedica a buscar métodos de crecimiento sustentable.


Flores dijo que la isla comenzó a crecer antes de que se estableciesen las regulaciones necesarias. Ahora, el municipio ha creado leyes para prevenir el crecimiento descontrolado. Estas incluyen el prevenir que los no-residentes establezcan negocios sin contar con un socio local, inspeccionar los negocios turísticos y establecer una forma sistemática de responder a las quejas que los turistas con relación a servicios.


Flores quiere conservar “el espíritu de la isla”.


“Aquí tenemos un paraíso. Tenemos algo único en el mundo, no en el país, en el mundo; y tenemos que preservarlo”, dijo. “Podemos hacer cosas maravillosas con la preservación. No necesitamos destruir la isla para hacer cosas buenas”.


Más allá de las leyes, Flores cree que la industria del turismo podría mejorar mediante precios más altos y más formación para los proveedores de servicios.


“Espero que Isabela reaccione y que valoren todo lo que es Isabela”, dijo Flores. “No tienen por qué vender a Isabela como si fuera un caramelo. Les gusta vender a Isabela como si fuera una joya”.


Con su hotel de alta calidad, Murray muestra su comprensión de este concepto.


Aunque Murray no está seguro de cuál será el futuro de Isabela, tiene la esperanza de que algo nunca cambie: la playa que se extiende frente a la entrada de su hotel, la misma playa de la que se enamoró hace nueve años, intacta y pura.


“Puedes caminar hasta el final de la playa, donde no hay desarrollo y no hay nada”, dijo. “Hay unas pocas iguanas, tal vez unos cuantos surfistas, pero puedes recorrer la playa y quizá tropezarte con dos o tres personas”.

"Aquí estoy trabajando y es una locura, pero puedes ver y sentir la naturaleza en un lugar que no es tan consumista"
-Yessenia Herrera