CHAPTER 1 | CHAPTER 2 | CHAPTER 3 | CHAPTER 4 | CHAPTER 5
INVASIÓN

por Josie Hollingsworth

El zumbido de unos helicópteros sobre un rebaño de cabras, que balan y galopan dentro del cráter del segundo volcán activo más ancho del mundo. Las armas automáticas apuntan a los mamíferos, que habían convertido las tierras frondosas en desiertos y puesto en jaque un frágil ecosistema. Las tortugas gigantes, aquellos adorables reptiles icónicos que solo pueden ser encontrados en las islas Galápagos, ya habían sido puestas en cautiverio debido al desolado paisaje. Hoy, eso, se estaba reparando.

Era el año 2005. Un plan de erradicación masiva para la Isla Isabela se puso en marcha con el fin de restaurar el equilibrio ecológico. La amenaza número uno, las cabras. La estrategia fue una cacería desde el aire y desde tierra. En dos años, supuso la aniquilación de 62.818 cabras. Alrededor de 4.500 fueron eliminadas después, mediante la esterilización y limpieza en terreno, según el informe Galápagos Conservancy.

Las tortugas gigantes de la isla tienen otros depredadores. En febrero de 2013, una exterminación de ratas en Pinzón trató de erradicar las 10 ratas por metro cuadrado en los 18 km cuadrados de la isla. Galapagos Conservancy, junto con Parque Nacional Galápagos y Wild AID lograron su objetivo al esparcir veneno entre los 180 millones de roedores no nativos de Pinzón.

Diez años después del proyecto Isabela, Guido Gil decidió intentar otra estrategia para combatir otro tipo de invasores. Gil, antiguo empleado del Estado, ahora batalla la insurgencia en su propia tierra.

“Aquí hemos implementado el control manual”.

Con la ayuda de su hermano Danny, Guido pasa gran parte del día operando una podadora en la sierra. Los invasores esta vez no son humanos, sino flora y fauna no nativas.

Las especies invasivas son y siempre han sido uno de los mayores desafíos en las Galápagos y ocupan la mente tanto de los operadores turísticos, como la de los dueños de los negocios.

Si se siguen introduciendo animales y plantas a este ritmo, ¿cómo se verá el paraíso evolutivo de Darwin sin las icónicas plantas y animales que comprobaron su teoría y son la base de nuestra existencia?

Las islas tienen alrededor de 1.500 especies nativas de flora y 500 tipos de fauna nativa.

Sin embargo, los investigadores han determinado que en los últimos cinco años ha habido un gran cambio y las especies no nativas han sobrepasado a las autóctonas.

Aunque es un pequeño desequilibrio en la balanza, este trae cambios monumentales a las Galápagos. Esta ha sido la norma en la cuna evolutiva de Darwin, que se ha transformado así más en un “continente” que en una “isla”.

Guido Gil, de 39 años, dedica su tiempo a la producción de leche, carne y fruta en la sierra de Isabela. Todos los días es una batalla contra la guayaba, comenta.

Gil teme que la llegada a las Galápagos de nuevas plantas no nativas, como la frambuesa de montaña, será el punto de inflexión que hará que su hogar y propiedades colindantes se vuelvan inaccesibles.

La casa de Gil tiene una vista privilegiada de las frondosas vistas de pastoreo y campos bananeros típicos de las tierras altas de Isabela.

“Es una llamada a enfocarse en un sector olvidado, la agricultura”, dice Gil.

Aunque piensa que su trabajo como auditor del Parque Nacional era importante, Gil ha encontrado su vocación en criar animales y plantas en la tierra de su familia. Gil cambia de actitud cuando va en sandalias. No parece tener 39 años; quizá unos energéticos 26.

“Creo que esto tiene un lugar en mi vida, en mi corazón: la conservación de las especies nativas del archipiélago de Galápagos”, dice con una cálida sonrisa en su rostro.

Toda su vida ha transcurrido en la isla, su familia ha estado allí durante cinco generaciones. Los Gil son una familia icónica de Isabela.

Gil cree que “las instituciones”, aquellas sin fines de lucro, las filiales gubernamentales y otros grupos de ayuda no deben olvidar su misión de proteger las Islas Galápagos. Aunque la labor actual de estos grupos beneficia a la isla, Gil cree que está mal aplicada, y se dirige al 97% de la isla que pertenece al parque, con lo que deja de lado la parte más importante: las zonas pobladas.

“Ahí es donde hemos introducido plantas”, señala Gil, refiriéndose a donde se encuentran las especies invasivas en la isla.

"Creo que esto tiene un lugar en mi vida, en mi corazón: la conservación de las especies nativas del archipiélago de Galápagos"
-Guido Gil

Aislamiento interrumpido

En los muelles de Santa Cruz, la isla más poblada, este puerto –una vez remoto– se ha convertido en una congestionada intersección de turismo, pesca y habitantes locales. Los lobos de mar ladran mientras los turistas toman fotos de los pescadores y los pelícanos en el mercado.

Godfrey Merlen está sentado en Bahía Pelícano. Su camiseta informal y la barba blanca trenzada son el testamento de una vida de días soleados en barco y un trabajo tenaz de conservación.

Merlen, un aclamado investigador y residente de la isla desde 1962, ha visto la magnitud de este cambio y sus efectos en las especies nativas en los alrededores de su hogar en Puerto Ayora, un pueblo en Santa Cruz.

“[En las Galápagos] tienes una oportunidad única de investigar el mundo de la adaptación y cómo las especies pueden modificar su forma con el fin de crear nuevas especies”, comenta Merlen.

Según Merlen, aunque la preservación de las islas es importante, su relativa juventud y su aislamiento extremo hacen que el estudio de su biodiversidad sea importante.

Incluso entre las islas hay diferencias fuertemente marcadas, sobre todo debido a las placas tectónicas y la antigüedad del suelo. Las islas nacieron en orden de Este a Oeste, debido al punto álgido en la placa del océano Pacífico. De las islas de mayor tamaño, San Cristóbal fue la primera -hace 2.4 millones de años- luego Santa Cruz -1.5 millones de años- y al final, Isabela -700.000 años atrás-. Al este de San Cristóbal hubo otras islas, que hoy en día se llamn montículos volcánicos.

La geología ha creado especies enormemente diferentes en las islas, como consecuencia del tipo de suelo y el tiempo que las especies han tenido para diversificarse. Por ejemplo, la frambuesa (una de las especies introducidas) crece fuera de control en el fino suelo de las zonas altas de Santa Cruz y San Cristóbal, pero tiene problemas para afianzarse en el terreno volcánico más joven de Isabela.

Mientras que las cabras de Isabela, que se alimentan de pasto, amenazaban la supervivencia de las tortugas, esta se veía también en peligro por culpa de las ratas, que se alimentaban con los huevos de los reptiles en la Isla Pinzón. La población de las tortugas de Galápagos se redujo de 250.000 en 1536 a 3.060 en 1974.

Merlen se mudó a Galápagos porque había un equilibrio natural de especies, en vez de “un país donde todo gira en torno al beneficio humano”.

En 1970 había alrededor de 2.000 habitantes y alrededor de 1.000 turistas al año.

“Muchos años atrás, la gente que trabajaba en conservación estaba preocupada por el gran flujo de turistas que llegaba a las Galápagos”, dice Merlen.

“Recuerdo que hubo un acalorado debate cuando eran 25.000 turistas, y otro cuando llegaron a los 100.000. Hoy, estamos cerca de los 200.000 mil turistas y aún no hay signos de cambio”.

Merlen ve esto con desconfianza, “cualquier cosa que ponga el ecosistema en peligro” y ve al turismo y su infraestructura (operativos, materiales, desperdicios) como factores que contribuyen al riesgo de llegada de especies invasivas.

“Lo único que permitirá a Galápagos sobrevivir o lo que la condenará es la bioseguridad”, afirma Merlen.

Haciendo el corte

A casi 5.000 kilómetros del archipiélago, Stephen Walsh, profesor de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, contempla las mismas preguntas.

“Uno de los problemas es cómo las especies invasivas aparecen allá”, dice Walsh. “Estas especies nuevas pueden llegar incidentalmente o accidentalmente, a través de semillas que vienen en barcos o que son llevadas por aves”.

Walsh también menciona que los agricultores de las sierras, históricamente, han llevado plantas a las que están acostumbrados en sus hogares en la zona continental.

“Así es como ingresó la guayaba. La gente quería las mermeladas y frutas que habían disfrutado por años en el continente”, señala Walsh. La resistente planta de la guayaba es una de ellas.

Los barcos cargueros que proveen lo necesario en la isla, desde servilletas a cemento, son los principales transportadores de especies invasoras.

“Cualquier cosa que llegue al casco de los barcos, desde ratones y ratas, insectos o semillas, tienen la potencialidad de generar un desastre en Galápagos. Y esos son viajeros accidentales”, dice Walsh.

El gran problema con estos “viajeros accidentales” es que pueden fácilmente convertirse en depredadores sin ningún tipo de control. Por ejemplo, las ratas negras son una seria amenaza para los huevos de las icónicas tortugas gigantes de Galápagos. Los gatos domésticos cazan y comen las lagartijas de lava, endémicos de la isla. La tilapia del Nilo, omnívora, destruye los lagos y lagunas de agua dulce de San Cristóbal.

¿Otro Hawái?

James Gibbs descansa en su asiento de la oficina del Parque Nacional en Santa Cruz. Ha apagado momentáneamente el aire acondicionado para dejar entrar la fresca brisa de la tarde. Gibbs, veterano visitante del Parque Nacional y profesor de la State University of New York College of Environmental Science and Forestry, se maravilla de la conservación que existe en las islas en comparación a otro grupo de islas.

“Los Estados Unidos obtuvieron Hawái y es un desastre ecológico”, dice Gibbs. Cree que Ecuador ha logrado mantener de buena manera la biodiversidad de las islas Galápagos.

“Me parece muy interesante que Estados Unidos haya tratado de comprar Galápagos dos veces. De haberlo hecho, ¿en qué estado estarían hoy?”, dice Gibbs, “toda esa inversión en infraestructura no es necesariamente algo bueno”.

Cuando se trata de islas que intentan conservar sus especies nativas, Galápagos está bastante bien. Quizás es el Archipiélago que mejor lo hace en el mundo. El 95% de las especies nativas de Galápagos aún viven libres. Las islas tienen alrededor de 1.500 especies de flora y 500 de fauna nativa. Sin embargo, los científicos han determinado que en los últimos cinco años ha habido un cambio y ahora hay más especies introducidas que nativas.

Las islas Galápagos no solo han mantenido la gran mayoría de sus especies originales,

sino que aún es un lugar esencial para la investigación científica sobre la evolución, que comenzó con Charles Darwin en 1832.

Merlen ve el archipiélago de Galápagos como un lugar extremadamente especial debido a su “integridad básica”. Merlen siente que estos sistemas aún operan en la isla, por lo que el número

"[En las Galápagos] tienes una oportunidad única de investigar el mundo de la adaptación y cómo las especies pueden modificar su forma con el fin de crear nuevas especies"
-Godfrey Merlen

Combatiendo una plaga

Mireya Rogel, residente de Isabela desde hace 28 años, lidera la asociación local de mujeres llamada OMAI (Organización Mujeres Activas de Isabela en la que, entre otras cosas, producen mermelada de frutas no nativas. El programa se lleva a cabo en una pequeña ciudad de la sierra, donde Rogel vio que había abundancia de fruta fresca y orgánica que muchas mujeres de agricultores habían tratado de vender, sin éxito, a los restaurantes locales y en las otras islas.

“Esta fruta siempre se ha considerado una plaga para las islas”, dice Rogel mientras ordena unas jarras en su pequeña tienda.

Una solución era la mermelada, un bien no perecedero que podría venderse a los locales y a los turistas. Cuando el proyecto comenzó en 2003, no obtuvo mucha repercusión, la mermelada era demasiado dulce para los extranjeros y carecían de la maquinaria adecuada para aislarla de la mermelada.

Entonces Gary Jenayan y Lindblad Expeditions aparecieron. Posicionada en el mercado como una compañía de cruceros amigable con el medio ambiente, Lindblad está asociada con National Geographic. Jenanyan, el jefe ejecutivo para los barcos que van a América, ha visitado la isla más de 80 veces por trabajo.

“Me llamaron porque, bueno, soy el chico de la comida”, dice Jenanyan.

In partnership with AeroGal Airlines and Goddard Catering Group from Quito and Guayaquil, Lindblad began direct work with invasive species projects on July 5, 2009.

En colaboración con la aerolínea AeroGal y Goddard Catering Group, de Quito y Guayaquil respectivamente, Lindblad comenzó el 5 de julio de 2009 trabajar con proyectos relacionados con especies invasivas.La gente, antes, se acercaba a Jenanyan con el deseo de producir brandy en islas como Santa Cruz y San Cristóbal con la mora o la frambuesa salvaje.

“En otras palabras, tomas una plaga y la transformas en un centro de ganancias”, dice Jenanyan.

Lindblad también ha sido parte de un proyecto diferente para ayudar a proteger las islas contra los microorganismos invasivos: el proyecto de limpieza de patatas OPUS (Operación para prevenir especies indeseadas). El 75% de lo que compran en tierra los operadores de cruceros podría tener microorganismos, como las cosechas y las pestilencias de los alimentos que perturban el ecosistema de Galápagos y sus cultivos. Se cree que también otros vegetales pueden haber traído la nociva plaga del aguacate, que ha destruido la producción de aguacates en Galápagos durante años.

Algunos creen, incluyendo a Lindblad Expeditions y Jenanyan, que la papachoa (la patata) es el vehículo por el que muchas de las especies invasivas arriban a Galápagos desde el continente. Es el alimento básico en la mayoría de las comidas, y se estima que el ecuatoriano adulto promedio necesita 25 libras de patatas por mes.

Según Jenanyan, el proyecto OPUS comenzó con una ponencia de Godfrey Merlen en Puerto Ayora, en la que explicó la preocupación apremiante por las especies invasivas. Lindblad y otros estuvieron a la altura.

El proceso OPUS es un sistema para lavar, desinfectar y sellar al vacío los vegetales, luego los colocan en congeladores aislados y refrigerados. El transporte es por avión, desde Quito directo al Aeropuerto de Baltra, en Galápagos, y de ahí la mercancía llega a los barcos de Lindblad.

Jenanyan dice que OPUS también planea abrir un centro de sellado al vacío en el aeropuerto de Guayaquil. El apoyo continuo de Lindblad al proyecto OPUS y al proyecto para la elaboración de mermelada de OMAI representa el combate a pequeña escala contra las especies invasivas.

Los esfuerzos para erradicar

De regreso a Chapel Hill, el profesor Walsh, como Guido Gil, también siente que el parque está, de algún modo, equivocado.

“No esperas hasta que el enemigo esté a punto de hacer algo”. Nadie discute que los puntos de entrada de las especies foráneas son los puertos de las ciudades. Por definición, el puerto de una ciudad es un lugar que recibe bienes y personas de fuera, para bien o para mal.

Como director desde 2009 del Centro de los estudios Galápagos de la Universidad de Carolina del Norte, Walsh ha visto el impacto, o la falta de impacto, que varias instituciones han tenido en la protección contra las especies invasivas. Walsh cree que el límite del parque debería ser una zona de defensa donde se estableciera un programa para atacar las especies invasivas dentro de las zonas habitadas.

Walsh dice que el parque debería crear proyectos basados en la comunidad que ayuden a los granjeros a entender la importancia de la erradicación, no solo desde el punto de vista económico. Cree que sin tierras que se puedan cultivar, es imposible que Galápagos no dependa de los barcos de carga. Los cultivos locales no conllevan la amenaza de potenciales patógenos para la biodiversidad. Nadie discute que los puntos de entrada de las especies foráneas son los puertos de las ciudades. Por definición, el puerto de una ciudad es un lugar que recibe bienes y personas de fuera, para bien o para mal.

“Todo depende del sistema de cuarentena”, dice James Gibbs. Sus tres décadas de experiencia en las islas suponen que ha visto toda la gama de trabajos que se hace con las especies invasivas: desde los ecosistemas casi impolutos hasta la erradicación y la prevención.

"No esperas hasta que el enemigo esté a punto de hacer algo"
-Stephen Walsh

Las especies mas invasivas

Víctimas y agresores

Mireya Rogel dice que ya no tiene más perros.Cose un muñeco de un alcatraz patiazul para venderlo en su tienda, pegada al Hotel Delphin, un edificio propiedad de Rogel y su marido, Caiza. Ella trabaja con la máquina de coser mientras su amiga Francisca se encarga de los detalles de las alas y asiente de vez en cuando.

“Podría haber sido el parque, el gobierno municipal o el centro para el control de enfermedades. Este no es el modo de controlar las cosas. Los animales no tienen la culpa”.

Hace pocos meses, las autoridades tomaron medidas drásticas contra los perros. Estos programas son habituales en Galápagos, un lugar donde las autoridades dan más valor al ecosistema que a los derechos del individuo y de los negocios.

La realidad es que los perros y los gatos, adorables como son, suponen en las Galápagos una seria amenaza para las especies locales como las lagartijas de lava.

“En algún sentido, somos la última especie invasiva”, dice el investigador de SUNY James Gibbs.

La invasión humana sucedió antes de que los humanos se instalasen en las islas. Los piratas durante el siglo XVII dejaron algunas cabras en el archipiélago como alimento para cuando, ocasionalmente, los barcos tomaban tierra. El punto de no retorno sucedió cuando los primeros pobladores comenzaron a edificar sus viviendas, permanentes, en el siglo XIX. Desde entonteces, ha sido un continuo aglomerado de especies introducidas que han tenido un impacto nocivo en las islas.

“Los humanos son responsables de las especies invasivas. Sobre eso no hay duda”, dice Merlen. Afirmando que los seres humanos no se irán de las islas.

“Todos estamos colonizando algún sitio, nunca retrocedemos”, dice Gibbs. Según Walsh, muchas de las conexiones hacia las islas suceden entre grupos sociales. Alguien desde Guayaquil emigra a Galápagos, entonces invita a su hermana, a su primo o a su hermano para que aprovechen las oportunidades de trabajo que surgen del turismo.

“Hay todo tipo de redes sociales que traen a la gente a las islas”, dice Walsh.

Aunque todos los residentes de Galápagos tienen una historia sobre cómo llegaron, para muchas de las plantas y los animales introducidos, esa historia es confusa.

El SICGAL (Sistema de Inspección y Cuarentena para las Islas Galápagos) está a cargo de las invasiones que entran a través del puerto. Danny Gil, supervisor del SICGAL y hermano de Guido, pasa las mañanas en el Puerto Villamil controlando el equipaje de las personas que llegan y dejan la Isla Isabela.

Para Gil, a pesar del esfuerzo incasable de organizaciones como SICGAL, la frágil naturaleza de Galápagos es, sencillamente, demasiado susceptible ante las especies foráneas.

“Ahora depende de la conciencia de la comunidad y del apoyo de todos el cuidar de nuestra casa”, dice Danny Gil.

"En algún sentido, somos la última especie invasiva"
-James Gibbs

Inversores en el juego de las especies invasivas

Los turistas pagan 10 dólares por un taxi hacia el equivalente terrenal del Jardín del Edén. Superadas las formas arquitectónicas que construye la naturaleza, y al adentrase en un exuberante claro, el visitante que llega a Campo Duro queda apabullado ante todas las plantas exóticas, los siete tipos diferentes de bananas o los refugios de tortugas gigantes que se encuentran a lo largo del camino.

La llegada del ecoturismo es un cruce entre el turismo y la preservación que no sería posible sin el control de las especies invasivas. Wilfredo Michuy y su esposa Janet juegan un rol importante en el juego de las especies invasivas. Sus terrenos se encuentran entre las zonas de clima volcánico y continental, lo que permite que crezcan con facilidad bananas, café, aguacates, papayas, maracuyá, piñas y cítrico, entre otras frutas. Todas son especies introducidas, pero la guayaba y el maracuyá directamente amenazan los animales y plantas nativas del terreno de Michuy.

El negocio de Michuy representa un nuevo tipo de turismo que podría ser la esperanza en el combate de las especies foráneas en Isabela. Si la sierra es tratada como un destino turístico, será necesario protegerla de la guayaba y otras especies, lo que tal vez conlleve incluso un beneficio económico para todos.

“Para mí y para mi familia, esto es un modo sustentable de vivir”, dice Michuy. “Realmente vivimos gracias a este negocio”.

“En mi opinión, el Parque Nacional de Galápagos hace algunas contribuciones”, dice Michuy. “Al menos esperamos que estas especies no invadan más lugares”.

“Al parque no le importa. Intentan decir que no es un problema [las especies invasoras], pero lo es”. Hay zonas en Isabela donde hay mora y el parque lo sabe, pero no es algo que les preocupe mucho”, dice Rogel.

“Lo que les importa [al parque] es recuperar la mayor cantidad de dinero posible”, dice Rogel.

De acuerdo con los sondeos de opinión pública, la popularidad del Parque Nacional de Galápagos sube y cae. Una de las principales críticas es la falta de trabajo con la comunidad. En el Center for Galapagos Studies, en UNC, la investigadora postdoctoral Laura Brewington dice que los redientes sienten que la organización del parque es “demasiado política y burocrática”.

Sea cual sea el futuro de las especies invasivas, está claro que no existe una solución rápida. Aunque la isla sea geográficamente joven, su flora y su fauna no lo son.

Para entender esta escala de tiempo, Merlen describe la llegada de los animales endémicos. Las iguanas marinas llegaron hace 11 millones de años. Probablemente las siguientes fueron las tortugas gigantes, entre seis y doce millones de años atrás. Los pinzones aparecieron en la isla aproximadamente hace 2,3 millones de años.

“El proceso de construir un ecosistema no es cosa de una noche y este ha sido muy, muy, muy lento”, dice Merlen.

Cree que debería ser del mismo modo para la llegada de cualquier nueva especie.

“Parece que no entendemos del todo el mensaje de que estas tortugas gigantes no están en este sistema solo desde hace un momento. Cuanto más sabemos sobre cuánto tiempo llevó construir estos ecosistemas, más debemos respetarlos”, dice Godfrey.

La tormenta perfecta

Una brutal combinación de procesos naturales, acciones humanas y actuaciones fallidas han creado la tormenta perfecta, en la cual las especies invasivas se expanden con fuerza. Las víctimas obvias de esta invasión son las especies que le han dado fama a las Galápagos. El entorno de las tortugas gigantes está amenazado, bien sean por los roedores o por la disputa por la vegetación con la que se alimentan. La hormiga roja de fuego amenaza a los emblemáticos pinzones de Darwin y sus crías.

Con el clima, la tierra de Isabela, la más aislada de las islas habitadas, será, con el paso del tiempo, más fértil para los matorrales foráneos. Este fenómeno se puede observar en las islas más antiguas, como Santa Cruz y San Cristóbal. Mientras que Isabela es en la actualidad una isla relativamente joven, su tierra volcánica se diversificará en nutrientes, y así proveerá más recursos naturales a diversas plantas originarias del exterior. Y el problema va más allá de lo imaginable. El número de especies marinas invasoras sin registrar, como las algas no nativas, aún amenaza el distintivo entorno marino de las islas. El aumento de los viajes en barco y el tránsito entre las islas y el continente también contribuyen a que las especies se introduzcan en el archipiélago.

Los naturalistas apuntarán a los animales y plantas antes que a sus colegas homo sapiens. Los microbios y otras enfermedades que llegan en los barcos cargueros podrían suponer una seria amenaza para algunos residentes y visitantes de Galápagos. Pero las plantas y los animales introducidos suponen una amenaza potencialmente más seria, aunque indirecta, para los habitantes de las islas. Las especies nativas, la principal atracción turística de las islas, son una fuente de ingresos para la mayoría de los residentes.

“Habrá un conflicto, un problema para las especies nativas y endémicas aquí en Galápagos”, dice Gil mientras camina frente a las gallinas en el patio frente a su casa. “Así que ahora nos tenemos que unir e intentar, como un equipo, controlar este tipo de especies invasoras”.

"Intentan decir que no es un problema [las especies invasoras], pero lo es."
-Mireya Rogel